Éxito de la participación de AGROLAC en el 18º Symposium de Sanidad Vegetal de Sevilla: una conferencia sobre innovación, transferencia de conocimiento y tecnología desarrollada desde la PYME

La participación de AGROLAC en el 18º Symposium de Sanidad Vegetal de Sevilla ha supuesto una experiencia especialmente positiva para la empresa. La conferencia despertó interés entre los asistentes, generó conversaciones de valor al finalizar la sesión y permitió trasladar un mensaje claro: la innovación agrícola útil no nace solo en los grandes grupos multinacionales, sino también en empresas medianas que deciden asumir riesgo, invertir a largo plazo y trabajar con rigor científico. La estructura misma de la ponencia estaba planteada para demostrarlo, combinando una parte técnica impartida por el Dr. Emilio Montesinos, de la Universidad de Girona, con una segunda parte centrada en AGROLARIX, presentada por Miguel Sarrión.

Pero para entender bien el sentido de esta conferencia, conviene empezar por el principio: por qué AGROLAC decidió apostar por la I+D y por qué esa apuesta ha terminado convirtiéndose en uno de los ejes más importantes de su identidad actual.

 

El origen de la apuesta por la I+D: una transformación estratégica, no una reacción defensiva

AGROLAC nació como distribuidor de materias activas para empresas del sector agroquímico y durante décadas ocupó una posición reconocida dentro del mercado fitosanitario español. Su actividad estaba apoyada en una cartera sólida de registros y en acuerdos con fabricantes internacionales. Sin embargo, el progresivo endurecimiento de la normativa europea sobre productos químicos tradicionales obligó a muchas compañías del sector a redefinir su camino. En ese contexto, AGROLAC tomó una decisión estratégica que hoy se revela como decisiva: no limitarse a reducir actividad ni resignarse a un papel cada vez más estrecho, sino pivotar hacia un nuevo modelo basado en innovación propia, sostenibilidad, validación científica e internacionalización.

Ese pivot no fue un simple cambio comercial ni un ajuste cosmético del catálogo. Fue una redefinición profunda del papel de la empresa dentro de la cadena de valor. En Europa, la apuesta pasó por el desarrollo de soluciones biológicas propias a través del programa de I+D AG LifeSolutions. En paralelo, en Latinoamérica se impulsó la creación de Agrolac Andina Colombia y Agrolac Andina Perú, con estructuras locales capaces de operar en mercados donde los productos químicos tradicionales seguían teniendo demanda, al tiempo que se abría la puerta a introducir innovaciones biológicas desarrolladas por la empresa.

Esta evolución explica muy bien el fondo de la conferencia celebrada en Sevilla. Lo que se presentó allí no fue solo un producto ni una historia corporativa de éxito. Lo que se mostró fue el resultado de una transformación empresarial guiada por una convicción muy concreta: cuando cambia el entorno regulatorio y cambia también la agricultura, una empresa puede optar por encogerse o puede decidir desarrollar tecnología propia. AGROLAC eligió lo segundo.

 

Una nueva etapa basada en eficacia, responsabilidad y visión global

La nueva etapa de AGROLAC se apoya sobre tres ideas centrales. La primera es la eficacia, entendida no como una promesa comercial, sino como resultado de ensayos rigurosos, validaciones sucesivas y formulaciones pensadas para ofrecer un efecto real en campo. La segunda es la responsabilidad, porque la sostenibilidad, la seguridad y la reducción del impacto no son ya un añadido reputacional, sino una exigencia de la agricultura moderna. Y la tercera es la visión global, con una estructura preparada para crecer tanto en Europa como en Latinoamérica.

Ese fue precisamente el contexto que dio sentido a la conferencia del Symposium. La jornada no se limitó a hablar de innovación como concepto abstracto, sino que trató de explicar cómo esa innovación se construye de verdad: con años de trabajo, alianzas científicas, ensayos, errores, validaciones, reformulaciones y una voluntad constante de convertir el conocimiento en soluciones aplicables.

Planteamos una doble propuesta: por un lado, una ponencia técnica sobre el desarrollo de soluciones biológicas para la protección y nutrición vegetal a partir de microorganismos nativos; por otro, una presentación corporativa y tecnológica orientada a mostrar cómo la innovación basada en biotecnología puede traducirse en soluciones reales, escalables y alineadas con las exigencias actuales de sostenibilidad, productividad y seguridad.

 

Una conferencia dividida en dos mitades, unida por una sola idea

La primera mitad giró en torno a los proyectos de I+D desarrollados por la empresa a lo largo de más de una década junto a distintas universidades y centros de investigación, con especial protagonismo de la Universidad de Girona. Esta parte fue impartida por el Dr. Emilio Montesinos, y tuvo un fuerte peso científico y metodológico. En ella se explicó el recorrido seguido por AGROLAC y VICORQUIMIA en el desarrollo de soluciones sostenibles para sanidad vegetal, con especial atención al uso de microorganismos nativos seleccionados mediante un proceso riguroso de investigación. El resumen presentado para el Symposium destacaba que esta colaboración constituye un ejemplo de transferencia tecnológica con resultados concretos y validación científica.

La segunda mitad se centró en AGROLARIX, uno de los desarrollos propios más representativos de la empresa, y fue expuesta por Miguel Sarrión. Esta parte abordó el producto no solo desde su encaje comercial, sino también desde su fundamento técnico, su proceso de desarrollo y su lugar dentro de una agricultura más productiva, sostenible y saludable. La propia presentación define AGROLARIX como un bioestimulante regulador del desarrollo de nueva generación, formulado como líquido soluble nanoencapsulado a base de dihidroquercetina procedente de alerce siberiano.

Aunque ambas mitades tenían tonos distintos, el hilo conductor fue el mismo de principio a fin: cómo el conocimiento generado en la universidad puede fluir hacia la empresa cuando existe una colaboración real, sostenida y orientada a resultados, y cómo esa colaboración puede materializarse en tecnologías concretas desarrolladas desde el seno de una PYME.

 

La primera mitad: más de una década de I+D y colaboración con universidades

La intervención del Dr. Emilio Montesinos puso el foco en una cuestión esencial: la innovación agrícola seria no nace de la improvisación. Requiere método, tiempo, objetivos claros y capacidad de sostener la inversión durante años. Según la documentación presentada, esta línea de trabajo parte del compromiso con una agricultura más sostenible, eficaz y respetuosa con el medio ambiente. Se explicó además el trabajo exploratorio inicial, que incluyó la recolección de más de 100 especies arvenses durante dos años, con toma de muestras de raíces y suelo para su análisis microbiológico, lo que permitió identificar cepas con alto potencial bioactivo.

La ponencia abordó también las metodologías empleadas en la selección, aislamiento y evaluación de microorganismos beneficiosos, así como las tecnologías aplicadas en la formulación de productos que aseguran estabilidad, eficacia y facilidad de uso. Entre los aspectos destacados figuraban la identificación de plagas y enfermedades objetivo, el estudio de los modos de acción de los microorganismos seleccionados y la resolución de problemas técnicos de formulación, algo que suele quedar oculto en el discurso comercial, pero que en realidad es una parte central del desarrollo tecnológico.

Estas alianzas universidad empresa han permitido desarrollar productos con base científica para el control de plagas, enfermedades, estrés abiótico y mejora de calidad.

Este punto fue especialmente importante dentro de la conferencia porque desmonta una idea todavía demasiado extendida: que las PYMES deben limitarse a distribuir tecnologías desarrolladas por otros. Frente a esa visión, AGROLAC quiso defender algo mucho más ambicioso. Una pequeña o mediana empresa también puede generar conocimiento aplicado, construir propiedad tecnológica, validar productos y levantar barreras competitivas propias. Es más difícil, exige más paciencia y entraña más riesgo, pero precisamente por eso el valor creado también es mayor.

 

La segunda mitad: AGROLARIX como ejemplo tangible de esa filosofía

Si la primera parte explicaba el marco, la segunda mostraba una prueba concreta. AGROLARIX no apareció en la conferencia como un simple lanzamiento comercial, sino como el resultado visible de una forma de trabajar.

La presentación del producto describe AGROLARIX como un bioestimulante regulador del crecimiento y desarrollo de las plantas de nueva generación, nanoencapsulado mediante ciclodextrinas, una tecnología orientada a resolver limitaciones históricas de la dihidroquercetina, como la inestabilidad y la baja biodisponibilidad. Entre las ventajas señaladas están la estabilidad frente a luz, temperatura y oxidación, su solubilidad acuosa, su penetración en tejidos vegetales, la posibilidad de aplicación foliar o vía riego y su eficacia a baja dosificación.

La cronología del desarrollo de AGROLARIX es también significativa. La presentación recoge una secuencia de trabajo de más de una década: ensayos iniciales entre 2014 y 2016 en cultivos como tomate, calabacín, lechuga, cítricos, maíz y ornamentales; ampliación y confirmación en nuevos cultivos entre 2017 y 2021, con más de 50 ensayos de campo acumulados; investigación universitaria entre 2020 y 2024 sobre metabolismo vegetal y formulación nanoencapsulada; y finalmente la etapa de registro y comercialización entre 2023 y 2026.

Más allá de la cronología, el interés del caso AGROLARIX reside en que encarna muy bien el tipo de innovación que la empresa quiso defender en Sevilla. No se trata solo de disponer de una molécula o de una materia prima interesante, sino de transformarla en una herramienta agronómica usable, estable, eficaz, validada y económicamente defendible.

La propia presentación técnica incluye resultados científicos relevantes sobre fisiología y producción. Entre ellos, mejoras del estado hídrico en hojas y raíces, incremento del contenido de clorofila y de la actividad fotosintética en floración, movilización más eficiente de carbohidratos hacia fruto, modulación hormonal y aumento del número total de frutos, manteniendo y mejorando en algunos cultivos los parámetros de calidad equivalentes al control.

Ese enfoque encajó perfectamente con el objetivo global de la conferencia: mostrar que la innovación no consiste solo en “tener algo nuevo”, sino en construir soluciones que respondan a necesidades reales del cultivo y del agricultor.

 

Transferencia de conocimiento: de la universidad al campo

Uno de los mensajes más sólidos de toda la jornada fue el valor de la transferencia de conocimiento. Con demasiada frecuencia se habla de universidad y empresa como si fueran mundos paralelos, con ritmos, intereses y lenguajes irreconciliables. Sin embargo, la experiencia presentada por AGROLAC y la Universidad de Girona demuestra que esa separación no es inevitable.

Cuando existe una colaboración bien orientada, la universidad aporta profundidad científica, metodología, capacidad analítica y rigor experimental. La empresa, por su parte, aporta visión práctica, conocimiento del mercado, identificación de necesidades reales, capacidad de formulación, validación en campo y voluntad de llevar la tecnología hasta el usuario final. La combinación de ambos mundos permite acelerar la llegada de soluciones útiles a la agricultura.

Ese fue uno de los puntos que más valor dio a la conferencia. No se trataba solo de reivindicar la investigación como valor abstracto, sino de mostrar un caso concreto en el que esa investigación ha ido avanzando hacia aplicaciones reales. La documentación presentada subraya precisamente esa voluntad de aportar una visión práctica de cómo la innovación basada en biotecnología puede ofrecer soluciones escalables y alineadas con la realidad del sector.

 

La innovación como barrera, valor diferencial y decisión empresarial valiente

Otro de los grandes mensajes de fondo fue que innovar implica riesgo, y precisamente por eso también implica oportunidad. Apostar por la I+D exige recursos, paciencia y resistencia. No todos los proyectos prosperan al mismo ritmo, no todas las investigaciones desembocan en productos rentables y no todos los desarrollos encuentran un encaje inmediato en el mercado. Pero renunciar a innovar también tiene un coste: dependencia tecnológica, menor diferenciación y una exposición mucho mayor a competir solo en precio.

AGROLAC quiso transmitir que la innovación no debe verse únicamente como un coste o como una aventura incierta, sino como una gran barrera de entrada y como una forma de construir valor real para la empresa y para la industria. Una empresa que desarrolla tecnología propia no solo amplía su catálogo; refuerza su posicionamiento, mejora su capacidad de negociación, genera activos intangibles de alto valor y se sitúa en una posición mucho más sólida para afrontar cambios regulatorios, técnicos o competitivos.

Este mensaje tiene especial relevancia en el caso de las pequeñas y medianas empresas. Durante años, muchas PYMES del sector han asumido que su papel debía limitarse a comprar, distribuir o adaptar tecnología creada por otros. La conferencia defendió la idea contraria: una PYME bien dirigida, con visión estratégica y con alianzas científicas adecuadas, también puede investigar, formular, validar y lanzar desarrollos propios. Y cuando lo hace, eleva no solo su propio nivel, sino también el del conjunto del ecosistema industrial.

 

Una acogida muy positiva en Sevilla

La buena recepción de la conferencia confirmó que este enfoque conecta con una necesidad real del sector. Los asistentes mostraron interés por el contenido, por la estructura de la ponencia y por el equilibrio entre ciencia, visión empresarial y aplicación práctica. No era una charla meramente institucional ni una exposición cerrada sobre un solo producto. Era una propuesta más amplia: una reflexión, sustentada en hechos, sobre cómo debe construirse la innovación agrícola si quiere ser útil y duradera.

Para AGROLAC, ese interés tiene un valor especial porque confirma que el camino emprendido hace años tiene sentido. La transformación iniciada tras la caída de ciertos registros no fue una retirada, sino una reinvención. Y esa reinvención hoy puede explicarse con hechos: colaboraciones con universidades, ensayos, productos propios, expansión internacional y una narrativa empresarial coherente con el momento actual del sector.

 

 

Gracias por acompañarnos!

La participación en el 18º Symposium de Sanidad Vegetal de Sevilla ha sido, en definitiva, una excelente oportunidad para compartir una visión de empresa basada en conocimiento, transferencia tecnológica e innovación con propósito. La conferencia permitió explicar de dónde viene AGROLAC, por qué decidió apostar por la I+D, cómo ha trabajado durante más de una década con universidades y centros de investigación, y de qué manera esa trayectoria se traduce ya en desarrollos concretos como AGROLARIX.

Desde AGROLAC queremos agradecer sinceramente la atención, el interés mostrado y la acogida recibida durante la jornada. Salimos de Sevilla con la satisfacción de haber compartido una historia real de transformación y con la convicción reforzada de que la agricultura del futuro necesitará más ciencia, más colaboración y más empresas dispuestas a desarrollar tecnología propia.

 

Innovar tiene riesgo, sí. Pero también crea barreras, genera valor, fortalece a las empresas y aporta solidez a toda la industria.

 

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